VELAS

Su primera vez fue la vez soñada alguna vez por todos.

A lo lejos el sol dibujaba con carboncillo un atardecer de ensueño; el viento había cesado ese roneo eterno que mantenía con la tarde y el horizonte trazaba suspiros por los callejones de los deseos.

A lo largo del día, los nervios se habían apoderado de sus miradas, y tenían grabado a fuego la hora de aquella cita en la que  ambos iban a escribir -con la tinta de sus almas-, un nuevo episodio a su historia de complicidad.


Se anhelaban.

Se ansiaban.

Se apetecían.


Y ambos sabían que en el momento justo en el que las pieles comenzasen a descubrirse para compartirse, ya no habría marcha atrás; ni falta que les hacía.

Desde que se conocieron, sus huellas habían dejado de esquivar piedras y cicatrices y las sonrisas se habían vuelto a reflejar en los costados de sus ilusiones.


Pero necesitaban dar ese paso de manera conjunta y enterrar el miedo los dos a la vez justo en ese instante en el que la respiración comenzase a acompasarse, las manos se habrían de volver medio locas por sentirse y los besos fueran el punto y final de una partida que a los dos les estaba devolviendo la vida.

Y arropados bajo el susurro de las olas -que tal como llegaban se marchaban-, revestidos de una decenas de velas encendidas y con los pies descalzados y envueltos en arena, ambos se buscaron y se  dijeron por primera vez -bajo la atenta mirada de la luna-,… que se querían…

                       Facebook. 24. agosto.2016


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