Las puertas de la Gloria

Mientras que las puertas de San Marcos tienen cogida la medida al Señor que Ortega Brú ideara en su cabeza a la hora de instaurar la Santa Eucaristía, la paloma de la Paz surcará de nuevo el verbo de la traición en torno a un cenáculo de izquierdos.

El barrio de La Plata se aflojará los botones de las penas por un día para agigantarse ante un Dios de tez morena y cuyo rostro se quedará de nuevo a respirar en un paño de verónicas y misericordias; no hay mayor lealtad que esa pintura tiznada de azahares y caobas.

En el ruedo de lo imposible, el Señor de la Paz volverá a templar su mirada entre lances y Refugios mientras que la noche se irá alzando de puntillas sobre la tapia de los silencios para escuchar el grito ahogado de una madre que en su locura de amar como amó, sacrificó su sangre, su piel y su vida.


Lunes Santo.. la noche en la que los cielos se van a dormir bajo la nana de las bengalas y el socorro de vigas moradas y catedralicias.


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