atardecer

Ven.
No tengas miedo.
Siéntate justo aquí, a mi verita, que voy a sisearte al oído un abrazo de sinceridad.

Si quieres no digas nada -que para eso estoy yo-, para intentar decirlo todo; así que venga, abre la toalla, deja por un rato el móvil y sentémonos uno al lado del otro, dejando que las palabras calmen sus voces.

Sólo te pido una cosa: déjate atrapar por mis dedos, que sobre tu espalda trazarán un horizonte de miradas antes de que el sol vaya a tostar otras pieles.

Y mi mirada, sin tener que mirarte, te buscará sólo a ti entre la multitud.

Y mi mirada, sabiendo que la estarás mirando, te perseguirá entre mis miedos para que de un soplido los ahuyentes.

Y mi mirada, aliada de mis dudas, te pedirá refugio para que la soledad no siga ganándome la batalla.

Ves?

No hace falta que digas nada, pues mis latidos llevan toda la vida queriéndote decir todas estas cosas entre escalofríos y sonrisas de esas que son la envidia de la felicidad, y que sólo soy capaz de pronunciarlas cuando ese que está ahí enfrente, muriéndose a plomo por una orilla de sueños, se retira a descansar a sabiendas de que mis suspiros siguen teniéndote a ti como dueña de mis pasos.

Facebook. 17. agosto.2016


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