Sabes que cada cierto tiempo tengo que volver a verte, y al hacerlo, me encuentro con el aroma de tu nombre danzando por el aire.
Han pasado cientos de lunas e infinitos atardeceres desde la última vez que lo hice, y siempre que abro esa ventana se desata en mis costuras la suerte de haberla besado, quedamente,
como sólo se besan los adolescentes a escondidas una tarde de verano bajo el zaguán de las inocencias.
Tú alargada sombra fue testigo de aquel primer beso…
No sé si te acordarás, pero los nervios estaban cabalgando a sus anchas sobre mis venas, las manos me temblaban, la voz me sudaba
y el miedo…
el miedo silenciaba las ganas de salir corriendo y gritar mi cobardía por la playa de los olvidos.
Pero el destino a veces firma sentencias con la pluma de la felicidad; y aquel día mis huellas fueron testigo de su guiño apasionado.
Tras un paseo por la orilla de los deseos, donde ambos desnudamos latidos y la sangre bombeaba roces y mordiscos, la miré como se mira a alguien desde el arabesco de la palabra amor,
desde el misterio de lo deseado,
desde el abanico de los suspiros, …
y jalé de su cintura hacia la mía cuando creí perder el equilibrio de la impaciencia y me perdí en ella para encontrarme
– simplemente, – con ella.
Al sentir su piel sobre mi piel,
el paraíso se abrió ante mí al cerrar los ojos y escapar de esa forma de las garras de la soledad dejando atrás ese mísero infierno cuando mordisqueé el precipicio donde su voz se hace verbo al decir mi nombre, su nombre,
y el nombre que conforman todo su mundo y el mundo que conforma todo su universo, conformando dese aquel instante el mío.
Fueron segundos eternos…
El tiempo se detuvo.
La calma se hizo presente.
Las sombras pintaron la palabra fortuna en las esquinas del cielo, …
Mis manos se enredaban sobre su pelo…
Su pelo iba desatando los escalofríos…
Los escalofríos iban desabrochando espejos y pasillos, tinieblas y sosiegos, ángeles y demonios, …
Tras esa ventana se hospeda la mayor locura que mis aristas hilvanaron al perfil de mi memoria.
Así que -con tu permiso-, permíteme que la deje entreabierta cada vez que me paso a verte para sentirla de nuevo.



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