Y volví a buscarte,
entre las gotas de vida que del cielo caían,
para ser de ti,
para empaparme de ti,
para ser tuyo..
Nadie entiende esta mirada que entre tú y yo trenzamos en la distancia y anudamos al olvido..
Nadie puede imaginar lo que una simple lluvia puede provocarnos..
Nadie -absolutamente nadie-, sabe que en cada suspiro que me regalas, anidan mis latidos..
Latidos nerviosos,
inquietos,
humeantes,…
con ganas de gritarle al mundo que en el fogón de su alma se sigue horneando la masa de tu nombre.
Por eso, cada que vez llueve, salgo a tu encuentro con las manos descalzas
y los pies repletos de sonrisas
para engarzarlas a tu cintura,
y sentir de esa forma danzar la felicidad
sobre mis huellas..
Por eso, busco un trozo de tierra seca donde sentarme,
cerrar los ojos y sentir cómo vas apareciendo
ante mí de manera pausada, limpia, cristalina..
Por eso, cada vez que el cielo llora, espero lo que tenga que esperar para que me vuelvas a arrancar un gemido de mis labios..



Deja una respuesta