Y para ir terminando, dejadme que me sacuda el rezo de mis labios, y permitidme que sienta a las palabras temblar por mi boca al susurrar bajito el nombre de vuestra dolorosa, de vuestra ancla en la tierra, de vuestra Madre de Dios.
Ainssss Perpetuo Socorro…
Seguirán bostezando las primaveras, seguirán aullando los campos, seguirán los tiempos descontando sus horas de arena…
y Ella seguirá siendo esa flor escogida por el cielo para engendrar al Hijo del Carpintero.
Seguirán los acordes de la música componiendo sinfonías, seguirán los abrazos supliendo a las palabras, seguirán las miradas calmando a los miedos…
y Ella seguirá entreabriendo su pecho para que nos acunemos en él cuando la soledad sea un manto de impotencias tras nuestras huellas.
Seguirá el arte explicando lo inexplicable, seguirá el amor salvando al mundo, seguirán las olas de las orillas besando las arenas de las playas… y Ella seguirá soportando cada noche el dolor por su Hijo sin que nadie la vea, sin que nadie la llame, sin que nadie repare en Ella…
Mientras que por su rostro apenas se distingue el desconsuelo o la angustia, por su alma los jirones de espasmos retumban con más fuerza cada vez que las nubes lloran entre riadas de penas.
Pero tenemos la suerte -tenéis la suerte- de que siempre está ahí; con sus dos manos abiertas para calmar nuestros recelos, para escuchar nuestras desesperaciones, para no decirnos nada cuando necesitamos escuchar de todo.
Es lo que tiene ser la Madre de Dios, ese encargo que le confió al oído un ángel y al que al decirle que sí, volteó para siempre el color de nuestros atardeceres.
Qué habrá sido de ese ángel confortador…
Que habría sido de nosotros sin esa visita anunciada por el oráculo de los tiempos…
Que habría sido si en vez de sí… María hubiera dicho que no…
No quiero ni imaginarlo… sólo sé que Ella siempre está ahí… de manera imperecedera, eterna, inmortal…
A pesar de las lunas, los olvidos, las tragedias…
Siempre está ahí, como los vientos están cerca de las veletas, el mar de los faros o una madre cerca de un hijo…
Siempre está ahí, como la luna persiguiendo al sol durante toda la noche para soplarle al oído que su amor sigue siendo un amor de leyenda…
Siempre está ahí, sin llamar la atención, atenta a ser por siempre llamada…
Señora del Perpetuo Socorro…
Para los hermanos de tu cofradía…
Eres el refugio de sus sonrisas…
El bálsamo de sus heridas…
El fuego donde las dudas se extinguen…
Eres su principio y su fin…
La esperanza de que los duelos no son eternos…
La luz que alumbra a sus tinieblas…
Eres la brisa que seca las oscuridades del alma…
Un laberinto tejido con paciencias…
Eres la soga que más dulce aprieta…
Pero para mí, Señora, permíteme que te lo cuente hoy…
Para mí siempre has sido… y por siempre serás…
Un silencio arrodillado
en el monte del calvario
un reguero de Esperanza
que nos brota sin descanso
cuando los miedos ahogan
y los fríos son contrarios
al calor de tu mirada
y al canto de los rosarios.
Eres la luz de la Ermita
la llama de los Sagrarios
el cruce de los caminos
la paz de los balnearios
la Madre de un Cristo vivo
el clavo complementario…
el fin de la zona sur
el principio de mi barrio
un horizonte Perpetuo
un Socorro necesario
un sollozo de domingo
un llanto desangelado
una respuesta sin tilde
una pregunta sin trazo
una Madre despojada
por recuerdos plateados
y un portal sin dirección
ante un pesebre callado…
Eres la senda a seguir…
a pesar de los agravios
a pesar de las ofensas
a pesar de los escarnios
a pesar de los errores
a pesar de los fracasos
que Te hacemos cada día
cada vez que nos miramos
y pronunciamos Tu nombre
muy bajito y entrecortado
y el egoísmo nos brota
como un puñado de harapos
por nuestra piel de pavesa
por nuestros ojos cansado
que los volvemos a Ti
cuando se arrugan los años
y entendemos que el camino
es rezarte a cada paso.
Necesito que me guíes
que me lleves a tu lado
que me perdones las faltas
que calmes mis desánimos
que susurres con tu voz
que eres mi único bálsamo
la giralda de mi fe
mi zaguán achaparrado
la esquina donde los miedos
por fin se quedan callados
al contemplarte sufriendo
doremifasoleando
y cosiendo las suturas
que chorrean por tus manos.
Necesito tu perdón
que te escribo emborronando
con estas torpes palabras
que con tinta he ido juntando
con más sombras que vergüenza
en las hojas de un diario
con los márgenes de tiza
y me atrevo a retratarlo
en cuartetas con inciensos
y versos acentuados.
Necesito Madre mía
que cuides de mi legado
que protejas a mi niño
el que camina en mis brazos…
yo lo llevaré a tu Ermita
cuando el sol llegue a su ocaso
y le dibujaré el cuento
que su padre ha pronunciado
deshojando los suspiros
en esta noche de marzo.
Necesito que estés ahí
debajito de mi árbol
debajito de sus frutos
al lado de mis traspasos
de mis sueños, mis silencios
de mis noes, de mis trapos
de mis luces, mis temores
del reloj que va curando
a mis maltrechas costillas
de mis ausentes abrazos.
Necesito que me escuches
que recojas mis pedazos
que hilvanes a tus costuras
la sombra de mis sudarios
mis nostalgias del ayer
los ecos de mis armarios
y que me tiendas tu estela
para alejar mis quinarios
cuando la luna se asome
por el fin de este glosario
y el romance se congele
al tictac de los horarios,
con los recuerdos zurcidos
en un zaguán sin portazos
que necesitan de Ti…
de tu ser y tus flechazos
y que saben que al nombrarte
vuelven siempre a tu regazo
donde nada malo ocurre
pues me protegen tus lazos
y tu mirada aniñada
y el reverso de tus rastros
y tu paciencia de Madre
y el cobijo de tus labios
y este vitalicio idilio
que sin más hemos firmado
entre versos y oraciones
de un cofrade descordado.
Virgen que siempre Socorres
Virgen del cielo astillado
Virgen que siempre me escuchas
Virgen del verbo Encarnado
Virgen sin mancha Perpetua
Virgen del sueño pausado
Virgen que vistes de azul
Virgen del cielo mudado
Virgen nombrada entre ramos
Virgen del sol esperado
Virgen de la Gracia llena
Virgen cubierta por salmos.
Virgen, caricia de luz
Virgen de los condenados
Virgen, vergel de promesas
Virgen del pueblo más llano…
Virgen de las confesiones
que por Ti se han liberado…
Virgen, corazón de perlas
quimera de enamorado…
Virgen, dueña de los tiempos
donde el tiempo vive anclado
a una enagua de tu nombre
soñando con ser tu esclavo…
Decirte no puedo más
que lo dicho y susurrado
en esta oración escrita
entre silencios gritados.
Decirte no puedo más
al terminar este canto
nacido del corazón
sangrado de mis costados.
Decirte no puedo más
que lo escrito y confesado
en esta noche por fin
donde nos hemos mirado
y he vaciado mis tinteros
mis palabras te he entregado
como simplejuntaletras
cual orfebre desgastado
para decirte al oído
muy despacio, y casi ahogado
“no te olvides Madre mía
de este perpetuo escribano”.
He dicho.



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