EL TIEMPO ES EL QUE ES …

El primer capítulo de la serie española EL MINISTERIO DEL TIEMPO se tituló “El tiempo es el que es..”, y determinaba que el tiempo pasado no se puede alterar, y que el único testigo que tenemos de aquello que hemos vivido son los recuerdos. 

Ainssss los recuerdos..

Los cofrades no estamos al margen de esta máxima, y por supuesto que tenemos recuerdos que jalonan de nuestras cinturas y nos hacen sonreír, o llorar, o emocionarnos, … 


Pero para los que buscamos a Dios en una calle estrecha y silabeamos un avemaría entre marchas y pozuelos, el tiempo es mucho más que la sucesión continua de un puñado de recuerdos.

Porque para nosotros, el tiempo es un compás de espera eterna en el cual vivimos, en el cual nos movemos, en el cual sentimos…

Es una charla en la orilla de la playa hablando de lo que nos sucedió mientras veíamos pasar nazarenos y es aquello que nos sucederá cuando nos topemos de frente una vez más con la candelería de un palio mecido sin que los varales escupan botes.. 

Es el nerviosismo pespunteando nuestra espalda cuando el azahar está a punto de desprenderse, o cuando los pabilos aún no han descorchado sus ceras, o cuando una papeleta de sitio se guarda en el bolsillo oculto de la túnica antes de que el portón de una iglesia se abra de par en par..


Iglesia… He dicho Iglesia, ¿verdad?

Me enseñaron de pequeño que esa palabra escrita con mayúsculas hacía referencia al edificio; y que si se escribía en minúscula hacía referencia a un grupo de personas hablando en torno a Dios.

Y los cofrades,
les duela a quien les duela,
le moleste a quien le moleste,
le incomode a quien le incomode,
nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo siendo iglesia en minúscula. 


Quizás el dueño de la llave del edificio se lo tendría que hacer mirar y preguntarse por qué los bancos de sus Iglesias -en mayúscula- están carcomidos por la soledad y las arrugas.

Pudiera parecer que son cosas distintas,
pero si me dan a elegir,
prefiero pasar mi tiempo hablando de cofradías, viviendo cofradías,
despellejando cofradías
antes que asentir la Verdad de un púlpito cuyas palabras se escriben con la tinta de la riña…


Si supieran lo fácil que es conjugar el mandamiento que Él nos enseñó…

Si supieran aprovecharse de nosotros, ir de la mano junto a nosotros, entender que nosotros no somos el enemigo…

Si supieran que hay más Verdad en un izquierdo en Tornería que en todas las encíclicas escritas y por escribir…


Los cofrades somos de Verdad, pero somos seres humanos. 

Y como buenos seres humanos,
también nos damos puñaladas traperas;
también nos vendemos por treinta monedas,
o por un martillo;
también nos aferramos y nos creemos que un cargo nos va a dar la inmortalidad.

Pero como os digo, prefiero mil veces a un cofrade torcido que a un renglón sin torcer…

Porque al menos, por un segundo, en su mirada brilla la fe…

Y la fe,
amigos míos,
no se puede medir,
ni valorar,
ni cuantificar… 

Si no, pregúntenles a esos monaguillos que corretean cofradía arriba y abajo,
o a esos aspirantes a ser titanes bajo las trabajaderas,
o a todos esos jóvenes que pasan sus noches al amparo de la luna, soñando con pentagramas y marchas…


Como les decía, en esas miradas brilla la fe…

Y hablando de miradas…

Qué levante la mano quien pueda sostenerle la mirada al Señor de Bondad y Misericordia…

Que levante la mano quien delante de ese brillo de consuelos no calma sus preocupaciones…

Que levante la mano quien sea capaz de seguir su camino tras salir airoso del tiroteo de esa mirada templada,
sosegada,
adormecida…


Permitidme que os diga algo queridos hermanos de BONDAD: anclarse a ella cuando las fuerzas flaqueen,
cuando estéis perdidos,
cuando la vida os ahogue…

Y ahora,
dejadme a solas con Él,
que quiero perderme en la mirada
del Señor 
que gobierna esta morada…


Señor,
en tu mirada se calman los huracanes,
las aves de paso trazan sus vuelos y con detenimiento,
uno puede leer en ellos a qué sabe el fondo de los océanos.


Tu nos miras,
y nosotros callamos..

Tu detienes los pulsos del tiempo,
y el tiempo corretea pacientemente
en su cárcel de cristal intentando detenerse..

Tú marcas los silencios,
y los silencios se marcan sobre ti…


Señor, 
que no nos falte nunca esa orilla donde bañamos nuestras preocupaciones,
ese faro donde arriban nuestras dudas,
ese puerto donde nuestros sobresaltos mitigan sus sudores.

Señor, 
que tu Misericordia endulce nuestra alma al amamantar el último de nuestros alientos.

Señor, 
que tu Bondad se hilvane a las huellas de nuestras pisadas y que,
cuando dejemos este mundo y nos sentemos a la diestra de tu nombre,
sean tus ojos el horizonte de nuestros suspiros.


A Dios gracias, que te tenemos cerca, con tus dos brazos extendidos,
con tu Palabra escrita para sanarnos,
y con la niña de tus ojos resplandeciendo para darnos luz cuando la oscuridad nos acecha,
nos arrebata, nos destruye…

Señor,
déjame que esta noche desvista mis palabras,
que a solas te grite bajito,
y que entre mis hermanos te susurre al oído…


Si al mundo le faltara Tu mirada

el mundo perdería su sentido

el miedo acabaría consumido

y la luz moriría descalzada.


Si al mundo le quitaran Tu mirada

el mundo lloraría sin consuelo

la risa viviría siempre en duelo

y la pena estaría calcinada.


Si al mundo le robaran Tu mirada

el mundo olvidaría su armadura

el cielo gritaría su locura

y la paz volaría despojada.


Si al mundo le cegaran Tu mirada

el mundo negaría su existencia

el tiempo acallaría su dolencia

y la luna se iría desvelada.


Si al mundo le arrancaran Tu mirada

el mundo pintaría sus negruras

el mar liberaría sus clausuras

y la rosa ardería derramada.


Si al mundo le usurparan Tu mirada

el mundo vagaría entre desvelos

las pieles bordarían los deshielos

y la sal gemiría desolada.


Si al mundo le expoliaran Tu mirada

el mundo abrasaría sus latidos,

los versos dejarían de ser fluidos

y la sed correría desangrada.


Si al mundo le prohibieran Tu mirada

el mundo sangraría por sus venas

los ecos crujirían sin cadenas

y mi voz sonaría quebrantada.


Si al mundo le tacharan Tu mirada

el mundo estafaría a sus suspiros,

la aurora embaucaría a los zafiros

y Dios no surgiría de la nada.


Como ves Señor, si al mundo 

le faltara, 

le quitaran, 

le robaran; 

le cegaran, 

le arrancaran, 

le usurparan;

le prohibieran, 

le expoliaran 

o, simplemente, 

le tacharan 

Tu mirada…

el mundo 

-irremediablemente- 

no sabría…

 a quién mirar…


Por eso Señor…

No me vuelvas la mirada

que en tus ojos yo navego.

No me vuelvas la mirada

que tus ojos son mi puerto.

No me vuelvas la mirada

que necesito tus versos

para seguir escribiendo

el más dulce testamento

la más dulce poesía

el más simple de los cuentos

ese que vela mis sueños

y que calma mis tormentos

al arroparme en las noches

bajo lunas de desiertos.

No me vuelvas la mirada

y perdona mis lamentos

mis tristezas, mis agobios

mis penitas, mis deseos

mis ilusiones calladas

mis preguntas sin remedio

y déjame que te busque

cuando aparezca el silencio

y corramos por las calles

envidiados por los vientos.

No me vuelvas la mirada

no permitas mis requiebros

y sostenme la esperanza

entre suspiros sin ecos

devolviéndole la luz

a mi ceguera de empeños

calmando las agonías

de mi sangre y de mis huesos

ofreciéndole tus manos

a este simple silabeo

que a ellas me aferraré

por los tiempos de los tiempos.

No me vuelvas la mirada

Señor, que caminas preso

y libera a este esclavo

de vivir entre aguavientos

y Hágase Tu Voluntad

en la Tierra y en el Cielo

y que cuando al fin te vea

cuando llegue ese momento

sonriamos de alegrías

devolviéndote los besos

que una vez yo te negué

al vivir entre tropiezos

y Tú supiste esperarme

con el corazón abierto.

No me vuelvas la mirada

Soberano de los lienzos

Bondad de los sinsabores

Misericordia de tientos

y permite que mis sombras

me dejen seguir viviendo

persiguiendo las estelas

de tu bello Magisterio…

para seguir caminando

para seguir aprendiendo

para seguir a tu lado

para seguir combatiendo

para seguir rezándote

y para decir, sin miedo

esta noche, y por siempre

– aunque me falte el aliento –

gracias por darme la vida

para seguirte queriendo.


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