Toda cofradía en la calle se hace en el día a día hermandad gracias a sus hermanos, gente noble y sencilla, personas que tenemos preocupaciones, penas y alegrías a partes iguales, y que buscamos en Dios el calmante que alivie el crecer de nuestras arrugas.
Detrás de todo esto que adornamos con túnicas, incienso y marchas procesionales subyace la fe, esa creencia en algo que nos permite desahogarnos en este valle de lágrimas en el que a veces se convierte la vida.
No existe un porqué científico que nos identifique con una talla o con una determinada cofradía, pero si es lógico que derivemos nuestros pasos hasta aquellos lugares donde nos sintamos a gusto, seamos nosotros mismos y no tengamos miedo a hilvanar cada tarde el verbo amar… primer y único mandamiento que nos enseñó Jesucristo.
Y visto desde fuera, los hermanos del Perdón cosen y descosen ese dobladillo a sus primaveras para que todos nos sintamos en casa cada vez que atravesamos esa pequeñita ermita y seamos una pieza más de ese tetris de latidos cuaresmales.
Me consta que los hermanos del Perdón siempre estáis ahí…
Para todo y para todos..
Y los sabéis igual que yo…
Y lo veis…
Y lo sentís…
Llenos de vitalidad,
de fuerza,
de energía,
acostumbrados a bregar con los problemas de espacio, con los caprichos del cielo, y con las malas caras del destino.
Que nadie les hable a ellos de perdonar, cuando su bautizo de fe se produjo en el agua bendita del término perdón, y el pie de página de su historia es una continua segunda oportunidad.
Pero a día de hoy, amparados en sus titulares y en las ganas insondables de amarse, quererse y perdonarse, sois como esas ovejas que siempre vuelven al redil ante la llamada del pastor.
Sois cofrades diferentes porque oteáis el devenir del tiempo con una sonrisa en la cara…
Lucháis como jabatos bajo el sol de vuestras amarguras y, escribís con tinta azul pastoreña lo que el Altísimo os encomienda sin abrir la boca, sin rechistarle, sin borrarle un punto o una coma a los caprichos de sus designios.
Porque vuestras entretelas son de Verdad..
Vuestras oraciones son de Verdad..
Y vuestras promesas, abrazos y cicatrices son de Verdad…
Concederme esta pequeña licencia y que, a mi manera, os diga que…
Sois el júbilo perpetuo
y el corazón de la casa
el abrazo más sincero
la sonrisa enamorada
la luz misericordiosa
la bondad de las miradas
el perdón de los perdones
y un rebaño de guirnaldas
que adornan los sinsabores
y acarician las plegarias
dándole vida a la vida
al llegar Semana Santa.
Sois la piel de un oratorio
y el rezo de las campanas
sois el andar racheante
de las flores más ansiadas
sois las risas del levante
y la fuerza que avasalla
a las nubes más oscuras
mudándolas en quincallas
cristalizando victorias
sin que se libren batalla.
Bendito redil de cruces
bendito cortejo de almas
benditos los juramentos
bendito dolor de escarcha.
Gracias por ser como sois
gracias por ser la alborada
de una fe que se consume
en una ermita alejada
y que vosotros hacéis
bandera santificada
pues la grandeza reside
en esas pocas pisadas
que remarcan los caminos
entre arroyos y murallas
y que el Domingo de Ramos
laten bienaventuradas.
Benditos seáis hermanos
benditas vuestras medallas
benditas vuestras túnicas
que vestís entre fragancias…
Benditos vuestros latidos
que suenan con elegancia
benditas vuestras promesas
que se escuchan silenciadas…
Y seáis siempre benditos
por las huellas y zancadas
de un corazón sin dobleces
mapeado por calzadas…
mis hermanos del Perdón
los que perdonan con alma
y los que siempre serán
mis nazarenos de plata.



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