La luna ya se asoma por los tejados de la noche, así que permitidme que acabe mi oración con este lienzo de sueños donde voy a describiros con palabras en renglones con sabor a despedida lo que sois para mí.
Porque sois lo que el tiempo quiere que seáis.
Escuchadlo.
Mimadlo.
Y no os agobies por sus cambios de humor.
Sois un romance escrito en la piedra angular del viento entre la Iglesia de San Miguel y los clavos de un Cristo que calma la Sed de esta peculiar ciudad cuando se deshilvana la soledad y el azahar es la herida de los niños que juegan con los pasitos al llegar el Viernes de Dolores.
Sois la bendita historia de una dolorosa que, a su manera, puso a este embuste de pueblo bocabajo en una Magna de Avemarías y que estuvo en la Plazuela esperanzando todos vuestras penitas al Amparo de unas enaguas calmadas allí al compás de los pulsos y las melodías.
Desde ese día, la Esperanza se asoma a una ventana del sur cada cierto tiempo y sonríe al ver vuestras ropas tendidas.
Sois el faro de un barrio que desconoce vuestras esquinas pero que poco a poco se acerca a vuestro hogar, entorna la puerta y pasa a rezar porque en ese rincón habita Dios, entre llagas y celosías, dejando que la flor del carmelo vaya creciendo sin prisas en un arriate de sus almas, pues los tiempos del Altísimo sólo el Señor los porfía.
Sois la calma y la Sed
el cortejo y la medida
el farolito encendido
cuando la noche se abriga.
Sois la Sed y el Amparo
del que siempre os necesita
la llama que no se apaga
el beso que siempre cobija.
Sois el Amparo y la Sed
el final de las travesías
la palabra que remienda
el reverso que más brilla.
Sois un cielo de oleajes
en un mar de zancadillas
ese que vais sorteando
al girar las manecillas
en torno a un Cristo grande
y a una Madre que suspira.
Sois la punta de una lanza
que se clava sobre la piel
para que crezca la fe
cuando la vida se apaga.
Sois la sombra de la nada
cuando la nada adormece
y con vosotros, florece
al regarlas con miradas.
Sois el Rubicón que atraviesa
el mapa de las cruces lloradas
la ceniza que, entre llamaradas
pergamina mis huellas perdidas.
Sois la luz del otoño
la lluvia de la primavera
la cárcel donde se hospedan
la Gloria y el Paraíso.
Sois el cuento de una tarde de verano
las playas de invierno entre amigos.
Sois el alba que llora desatinos
y el amor que se les tiene a los hermanos.
Sois la Hermandad de la Sed,
la que camina de frente
entre cornetas e inocencias.
Sois de la Virgen del Amparo
la que espera vuestra llegada
para olvidar las ausencias.
Sois la clave de la zona sur para que la zona sur se enclave en la ciudad.
Sois el espejo donde el viento duerme de noche.
Sois la luz de las azoteas y las sombras robadas al Alcázar cada Lunes Santo.
Sois las miradas contenidas en una calle estrecha.
Sois ese reguero de últimos alientos que nos regaló para la ansiada eternidad el llamado Hijo del Carpintero.
Sois un oasis en mitad de un desierto de incertidumbres y los granos de arena que no queman pues en vosotros reside la Vida.
Sois la Vida en forma de Hermandad al tacharse los días.
Sois la nostalgia y las risas.
El jazmín y la algarabía.
Las raíces de un destino pausado.
El manantial de unos ojos que sempiternamente nos vigilan.
Y sois, por siempre y para siempre
la cofradía de mi madre
la deuda de este simple escribano
que hoy perpetuamente os da la mano
y que os grita sin medida
que os quiere y os necesita
para sonreír mirando al cielo
pues allí tengo lo que más quiero
y allí respiran mis heridas.
He dicho.
Jerez
14 marzo 2025
Claustros de Santo Domingo



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