AL AMPARO DE LOS SUEÑOS

Según la RAE, la palabra amparo hace referencia a la acción y el efecto de ampararse y buscar protección, cobijo o refugio.

Según el sabor de las torrijas, el plastiquito de las garrapiñadas y los sentimientos que se heredan de padres a hijos, Amparo es la advocación de una Madre que por las tardes pespuntea penitas en el silencio de la zona sur. 


La zona sur…

Allí, alejada del lujo y las humedades de siglos, una madre bajo la advocación de Amparo inclina su cabeza deteniendo el mundo en un gesto.

Esa madre presenta los ojos gastados de llorar por los males que azotan el día a día.

Esa madre lleva en sus hombros la cruz de cristal de nuestros pecados.

Esa madre alumbra con sus lágrimas el eco de las tinieblas del alma.


La Virgen del Amparo es una dolorosa que, como Madre, siempre aguarda a que su hijo regrese a casa, siempre lo espera, siempre retrasa el momento para irse a dormir.

Ella no dice nada, a sabiendas de que su mirada lo dice todo.

¿Cuántas cosas se habrán quedado a dormitar en sus labios?

¿Cuántos deseos habrá hecho realidad y cuántas promesas no habrá escuchado?

¿Cuántos nudos no habrá tenido que deshacer cuando se han quedado los dos a solas en el silencio de su iglesia o en el destierro temporal de San Miguel?


La Virgen del Amparo es esa calma que suele aparecer tras las tormentas, tras los huracanes, tras los terremotos de andar por hospitales y pasadizos de lluvia.

Cuidémosla porque en Ella reside parte de la Verdad, de la Fe y de la Vida.

La Vida… ese lugar donde Ella nos cuida bajo la mirada de la Fe y el crucero de la Verdad.

Ella sigue latiendo, aunque su corazón se quedó parado en un Calvario llamado Gólgota.

Ella amó sin mirar atrás para que el Amor de los Amores fuera crucificado y al tercer día resucitado.

Ella es un cielo colmado de nubarrones que ante sus relojes de arena deambulan y, como hacen las madres desde el principio de los tiempos, los va ensartando en los cafés de media tarde.

A veces la miro y me da por pensar que Rodríguez Picón la talló así para que sus ojos no vieran eternamente el dolor de encontrarse a su hijo en una cruz de madera que lleva las astillas de nuestros egoísmos en su interior.


¿No os habéis fijado que no se miran?

Pero las madres tienen un sexto sentido.

Y no les hace falta ver para saber.

Oír para escuchar.

Callar para sufrir.


Todas las madres de este mundo sienten, sufren e intuyen a pesar del silencio o la lejanía.

La Virgen del Amparo fue el primer pliegue de Dios.

La primera voz que Jesús escuchó.

La primera nana con la que el Mesías esperado se quedó a dormir cuando su hogar era un vientre de hueso y piel.


La Virgen del Amparo lo tuvo en su regazo y sabe mejor que nadie que, cuando lo vuelva a tener entre sus brazos, Ella será la que morirá de pena, de angustia y de congoja.

Por eso no quiere buscarle la mirada.

Por eso está retrasando el momento.

Por eso huye, está ausente, sólo queda presente la sombra de su rostro ante nosotros.


Pero…

¿Qué se dirán Madre e Hijo cuando las luces se apagan y nos vamos para casa?

¿Querrá quitarle los clavos?

¿Limpiarle las heridas?

¿Quitarle las espinas?


No se vosotros, pero yo daría lo que no tengo por ver ese diálogo eterno.

Jesús dio su vida por nosotros, y la Virgen del Amparo entrega la suya a cada instante para sosegar nuestros miedos, para abrazarnos en un rezo, para despertar de los males perversos.

Porque más allá de la belleza de la talla, del ajuar o sus ropajes, Ella ostenta el rango de ser la Madre de Dios, el faro que alumbra nuestras huellas, la capitana de nuestras velas encendidas, ese destierro de Eva que doblega al alba todas nuestras condenas.


La Madre de Dios….

Casi na…

¿Habrá título más importante que ese?

No dudéis nunca de que Ella os ha escogido para labrar su camino y para deciros, como si fuera la voz de Bécquer:

Mientras clavéis vuestras pupilas en mí

yo seré la más tierna poesía.


Si Cernuda levantara la pluma…

Si Machado volviera a corretear por los patios de su infancia.

Si Lorca desangrara besos de amor en sus noches oscuras…


De seguro que se enamorarían como el más humilde de los mortales de esa dolorosa que, cuando la tienes delante, tiene el don de hacer que el tiempo abrace tu alma.


1.-

Al Amparo de una Madre

un barrio va suspirando

respirando y suplicando

con la bendición del Padre

pues conoce los desmadres

que aprisionan nuestros días

silenciando avemarías

entre rezos y visitas

que se vuelven infinitas

como la luz de María.


2.-

Al Amparo del destino

la cuaresma va inciensando

y entre azahares, rezando 

al sino de sus vecinos

gritando los desatinos

con suspiros de Esperanza

la misma que siempre abraza

las noches de primavera

entornándose en banderas

la bonanza sin tardanza.


3.-

Al Amparo de sus mares

las pisadas van y vienen

y en sus manos se sostienen

las lágrimas y los pesares

que sólo los familiares

conocen de sus respiros

y no hace falta deciros

que Ella anestesia el dolor

con la luz de su color

y la fe de los suspiros.


4.-

Al Amparo de un abrazo

la vida se va sosegando

y las heridas, curando

en la hoguera de un regazo

cogiditas con un lazo

cerquita de su finura

latido de la ternura

de una mirada de miel

de esas que calman la piel

y que, al nombrarla, se curan.


5.-

Al Amparo de un te quiero

el cielo se pinta de estrellas

palacio de una doncella

de la que soy prisionero

brillando como un joyero

el nácar de su cintura…

dejadme que en su envoltura

se callen todas mis penas

y que el tiempo y las cadenas

dibujen la partitura.


6.-

Al Amparo de un diván

su sombra llegó a Jerez

para calmarnos la Sed

poniendo todo su afán

en ser palabra y zaguán

de toditas las condenas

guardiana de cuarentenas

que se deshojan bajito

como un simple manuscrito

liberando los esquemas.


7.-

Al Amparo de los vientos

una Madre se siente viva

y se presenta cautiva

para aliviar los tormentos

soñando con ser sustento

que se cuelan por las venas

cuando la vida encadena

lagrimones de cristal

y pespuntes sin dedal

que agrietan nuestras cadenas.


8.-

Al Amparo de sus ojos

la vida se va despertando

y los rezos van soñando 

abriéndose los cerrojos

dejando tras los matojos

un aroma de Verdad

de silencio y claridad

que sepulta hasta la muerte

bendita sea la suerte

de vivir en su bondad.


9.-

Al Amparo de un jardín

la sombra va floreciendo

como un crisol, descosiendo 

las piedras de su verdín

vislumbrando un sinfín

de promesas cadenciosas

y de miradas nerviosas

revestidas de locuras

Amor y pura blancura

que se perfuma entre rosas.


10.-

Y al Amparo del Señor

se abren las Puertas del Sur

inundando con su luz

un olvido abrasador

donde sólo existe Dios

y su espejo de simplezas

barnizada de pureza

la de su gente y sus hijos

que proclaman lo que dijo

un Cristo y su grandeza.



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