Aquella última tarde, con la lluvia besando los cristales de la casa y el frío encogiendo de repelucos las paredes, volvió a tropezar con su nombre.
Lo encontró dormido entre las miles de cartas que en su día recibió y que por cobardía jamás quiso o jamás supo contestar.
Y al leerlo, volvió a sentir frío..
Y al pronunciarlo, volvió a sentir nostalgias..
Y al escribirlo, volvió a sentir escalofríos..
Porque ese nombre se había colado por sus venas y había desarmado cada centímetro de su piel, cada recoveco de su alma, cada instante de sus recuerdos..
Y cada vez que lo nombraba, el eco se lo devolvía envuelto en guirnaldas, en lágrimas y en festejos de algarabia.
Ainsssssss si hubiese sido valiente…
Pero,..
¿Por qué seguía persiguiendo aquel nombre que durante tantos años la desarmó en silencio?
Facebook 11.mayo.2016



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