Tras aquella última mirada, en su corazón se comenzó a desatar la penúltima batalla entre el deseo de besarlo, y las ganas de colorear los atardeceres con lápices de colores.
De un día para otro, ambos se vieron gritando en el filo de esa deriva en la que a veces se guardan los besos traicioneros y las historias estancadas..
Por eso, al girarse, contó en silencio todos los segundos de la eternidad esperando a que él hiciera un mínimo gesto, a sabiendas de que un sueño imposible estaba naciendo entre ellos dos..
De hacerlo, saldría corriendo tras él y derrumbaría todos los miedos que los separaban para refugiar su piel en el único lugar donde esta respiraba.
Pero una vez más, contuvo las ganas de arriesgarse..
Pero una vez más, sintió el aroma de la cobardía..
Pero una vez, sintió al destino reírse a carcajadas por el horizonte de una nueva derrota..
Facebook 4.mayo.2016



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