Rebuscándose

Cada día rebuscaba entre sus ahogadas letras para dibujar sonrisas en los demás.

Un saludo, un guiño o un abrazo en forma de «me gusta«, eran la excusa perfecta para dejar la tinta corretear por los renglones de las emociones.

Tejía y tejía con sus silencios los latidos que los demás sentían,.. hasta que una tarde se dio cuenta de que al cuaderno de sus historias le quedaban cientos de hojas en blanco, y que nadie -absolutamente nadie-, estaba reparando en ellas.

Ni siquiera él, más pendiente de tirar de los hilos de los demás que de hilvanar las huellas de su mirada..

Y ante el folio en blanco, el lápiz levantó la voz y le preguntó si merecía la pena seguir juntando palabras..

                           Facebook 12.abril.2016


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