Ya han pasado varios dias…

Ya han pasado varios días desde nuestro último encuentro… y aún no se si lo que viví fue un sueño o sólo anduve un camino en busca de tu recuerdo.

Ya han pasado varios días desde nuestra última mirada… y en cada fragmento de latido se va desprendiendo un pétalo de mi entusiasmo.

Ya han pasado varios días desde nuestra última promesa… y la huella arcana de tu sonrisa espera una nueva visita de aquella que me dio la vida para pedirte perdón por su ausencia.    


Pero ha sido ahora, cuando el sosiego de tu aliento ha calmado la sed de este torpe escribano cuando voy a escribirte todo aquello que no fui capaz de decirte el pasado sábado.


Me acerqué hasta tu Basílica temprano, como la gente que arriba a tu mar desde lejos, buscando templar en la espera los pulsos inocentes de este niño que creció bajo el eco de aquellas leyendas que me hablaban de Ti, que me hablaban de relojes y que me hablaban de un bendito viajero italiano.


He aprendido que el tiempo a veces se disfraza de espejo para que busquemos la cara oculta de nuestro corazón y ese compás de espera lo aproveché para quitarle pespuntes a mis renglones torcidos.


Pero al ver tu palio atravesar ese atrio, me rompí por dentro, como aquella última vez en la que te supliqué -entre sollozos y amigos-, que me devolvieras a la niña de mis ojos; no fue casualidad que ella estuviera junto a mí ese día.

Pero fue ver tu palio avanzar buscando un arco de anhelos -en una ciudad de lienzos y murallas-, donde cerré los ojos para enjugarme de ese aire que tanto bien me hace al respirar, que tanto sabe de mí por culpa de quererme como me quiere.

Pero fue ver tu palio a escasos metros de mi boca, y no pude pronunciar tu nombre para que escucharas mis plegarias, para que escucharas mis rezos, para que escucharas mi rabia.


En calles que sólo conocía de oídas quise asomarme a la orilla de tu Esperanza… y en tu Esperanza sigo, navegando en la quimera que un día hará cambiar mi suerte.


Y quiero pensar que hubo un momento en el que fuiste sólo mía. Aquel en el que la multitud se acalló. El gentío se serenó. Y las lágrimas recorrieron no solo mis mejillas.

Pero en ese preciso instante, ese que aguardé toda una vida, ese que jamás se volverá a repetir…, en ese, todo lo que sabía de Ti se esfumó por los pasillos de la memoria; todas las comparaciones posibles buscaron acomodo en el olvido; todos los milagros que encierran tu nombre se perdieron por el horizonte del frenesí.


Y entonces entendí, porque lo viví con mis cinco sentidos, que cuando todo se nubla, aparece tu Esperanza.

Que cuando las cicatrices del dolor no supuran porque el daño sigue alimentando los miedos, aparece tu Esperanza.

Que cuando los sollozos no bastan para calmar los suspiros, los nervios, los bríos…, siempre aparece tu Esperanza.

Y entonces me di cuenta -al dejarte marchar-, que eres la palabra de consuelo rebotada sobre los pasillos de un viejo hospital; la estampita gastada sobre una mesilla abandonada; el bálsamo que reconfortaron aquellas primeras heridas que no somos capaces de recordar; el alivio que jamás llegará a comprender la soledad que encierran los silencios; la locura que envuelve a la pasión de las últimas caricias; la belleza que se dibuja en el fondo de la sinrazón; el amanecer con el que la noche se cita al alba; el destino del que ha perdido la fe; la última gota de una cera gastada; el perfume con el que se envuelve el alma; un espejismo que nunca se apaga; el pellizco que todo lo envuelve, que todo lo abarca; la estela que pintó una tarde Dios con los pinceles que entre amores quisieron trazar tu cara;…

Ya han pasado varios días… ¿podré explicarte lo que ese día me hiciste sentir postrado ante tus plantas?


ARTÍCULO PUBLICADO EN LA WEB COFRADEMANÍA EN EL AÑO 2014

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