Dicen que la fe es creer en aquello que no se ve. Eso no sucede en Jerez.
Los que afirman esto no conocen ese sentimiento que juega con las palmeras de Cristina cuando se divisa una parihuela de ensayo; desconocen a que sabe el aroma de una sacristía cuando hay que montar y desmontar un besamanos; y jamás entenderán que los sueños se acurrucan entre los dobleces de una papeleta de sitio justo antes de comenzar a caminar entre adoquines y espartos.
Te contaré algo.
La fe que se destila en mi tierra nace en aquellas maderas del arte que declamaron desde el Villamarta; es la salida de un Cristo que abre su cáliz para que todos bebamos su sangre; es ese puñal entrelazado a soledades que deambula por la Por-Vera de vuelta, y es María, la que caminó entre senderos de luces hace unas horas y que en una Alameda Vieja sonrió por vez primera al escuchar un villancico en pleno mes de Abril.
Si quieres que te siga contando cosas de la fe, y de cómo se queda a vivir en los silencios de una candeleria encendida, dame la mano, coge tu farol o tu horquilla, y acomódate, que tenemos muchas cosas que descubrir.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA WEB COFRADEMANÍA EN EL AÑO 2013



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