– ecuador … alemania –


2 – 1
25 de junio de 2026
New York New Jersey Stadium

Impossible is nothing

La noche del jueves desafió a la lógica, y nos recuerda por qué este bendito deporte es el mayor generador de milagros del planeta.

El imponente triunfo de Ecuador por 2-1 ante la tetracampeona del mundo Alemania no fue una simple victoria; fue una catarsis, un estallido de orgullo que sacudió los cimientos del Mundial 2026 y el hecho histórico de pasar a la siguiente ronda.

Y es que la noche pintaba a drama si atendemos a la relación del seleccionador Sebastián Beccacece con el plantel de jugadores y la exigente afición ecuatoriana; un campo de minas es un lugar más apacible que el ambiente que se respira tras cada rueda de prensa.

Y con estos mimbres, la cesta iba a salir torcida porque nadie confiaba en nadie.

Pero el fútbol tiene caminos indescifrables, como diría aquel. Y ayer, aparcando las diferencias y blindándose en el vestuario, este grupo firmó una gesta histórica.

Todos pusieron el alma en pos de conseguir lo imposible; la afición en la grada cantando el «si se puede«, que me recordaba a cuando el Kichi ganó la alcaldía en Cádiz, y los jugadores corriendo por los que no creían y mordiendo en cada balón como si fueran un país entero.


Al otro lado del espejo estuvo la decepción.

Vi a una Alemania irreconocible, ramplona, un gigante de hojalata que deambuló por el césped sin sangre, sin rebeldía y con una alarmante falta de juego.

Los teutones subestimaron el corazón tricolor y lo pagaron caro. Cada contra de Ecuador era un rugido, una descarga de adrenalina pura que transformó el escepticismo inicial de la grada en lágrimas de absoluta incredulidad cuando sonó el pitazo final.

Ecuador rompió los pronósticos, derribó los muros de la desconfianza y demostró que, cuando la fe y el coraje se alinean, las barreras no existen. Se vale llorar, se vale abrazarse.

¿Hasta dónde creen que puede llegar esta Tri histórica?